Perdón por poner sólo razones en el título, pero habrá que decir que nuestro comité editorial tiene además anhelos, esperanzas, ganas, reflexiones, como todos aquellos que votarán apruebo. Se trata de un hecho inédito en la historia de nuestro país y queremos contribuir para que confirme que estamos en una nueva senda de valores, de formas de convivencia, de vida y de salud.  

Nuestra invitación es a compartir vuestras razones en este sentido amplio, en un dossier que queremos publicar antes del 1 de abril, buscando contribuir a poner contenido político y salubrista al voto. 

Como equipo editorial no creemos que exista una identidad especular entre salud colectiva y orden constitucional. Pero en nuestras conversaciones destacamos algunos aspectos que debieran vincular ambos debates.  Sobre ellos quisiéramos producir este diálogo, y si alguno de nuestros colaboradores ilumina un área no considerada, estaremos agradecidos de su aporte.

Una actualidad que de primacía a la solidaridad

La primera cuestión a abordar es la de la actualidad. Constitución y Salud Pública requieren reubicarse en el presente. Tenemos un orden sustentado en una visión guerrera y antagónica de la vida política. Una institucionalidad marcada por la guerra fría y el miedo bélico al otro. 

En el campo de la salud, esa visión se ha revestido de lenguaje económico, pero su principio es el mismo. Los números han estado al servicio de un individualismo feroz en nuestras reglas de pensamiento y funcionamiento. Las prácticas sustentadas en la solidaridad como  valor central y la comprensión de que la salud es un problema colectivo, han sido aplastadas por la eficiencia y los indicadores. Una escalofriante combinación de lenguaje guerrero: campaña, combate, eliminación, animadas por las banderas de la gestión, cuadros de mando integral, indicadores económicos, ha reducido el pensamiento salubrista como cuestión principalmente valórica y de justicia social, a un sistema de algoritmos, protocolos, mapas de derivación, carteras de servicio, en el cual la salud individual y colectiva pasa a ser objeto de deshumanizadas y alienantes lógicas mercantiles.

Retomar un orden constitucional solidario, algunos de nosotros lo llamamos salud como derecho,  sustentará el sentido colectivo de la salud y será un paso en entender que la regla básica,la que da sentido a nuestro trabajo, es el reconocimiento de nuestra vida en común y no la búsqueda de una sobrevivencia egoísta. Este debate es la que arrojará luces sobre organización y financiamiento de la salud y no al revés.

Participación como democracia territorializada

La segunda cuestión es la de un orden constitucional en que la democracia sea entendida como  participación decisora ciudadana en los temas relevantes. Necesitamos una constitución que tienda puentes entre una minoría gobernante y la mayoría gobernada, que reconozca que ambos polos poseen capacidades intelectuales y cognitivas semejantes. En el mundo de hoy no existen grupos con privilegios epistemológicos que accedan a un saber cuyo carácter de verdad sea exclusivo. Una pluralidad de saberes hace de los debates horizontales, heterogéneos, espacios de generación de verdades colectivas, transitorias y sometidas a pruebas, pero valiosas para componer un mundo común.  En el mundo de la salud el saber está localizado en actores colectivos, personas y territorios. No es posible seguir teniendo una idea de la participación como no vinculante. Esa negación de la vitalidad de la participación, transforma a las instituciones de salud en estatuas. 

La participación además es un llamado al conocimiento de lo territorial, de las especificidades locales, de las microhistorias que constituyen un lugar. La experiencia de los cabildos en estos meses nos ha colmado de lecciones que debemos considerar.

En la participación y en el territorio tienen que residir las acciones de salud de todo tipo: promoción, prevención, tratamiento, rehabilitación, como se las quiera ordenar. El territorio es el lugar para saldar la fragmentación.  La horizontalidad es el componedor de lo que el verticalismo ha roto.

Adecuación Técnica

La institucionalidad debe reconocer el rol que las técnicas han tomado como un punto obligatorio de pasada de todo orden político hoy. Si las técnicas deben ser parte de la democracia, también la democracia debe entender que no puede marginarse del desarrollo técnico.

En nuestro campo, el brote de COVID-19 reveló que carecer de una técnica como la Polymerase Chain  Reaction (PCR) en nuestras redes públicas de manera descentralizada, puede dejarnos paralizados como actores de salud colectiva. Sería largo enumerar las brechas técnicas que tenemos, pero deben ser abordadas. No es posible prescindir de desarrollos propios en medicamentos, vacunas,equipamiento diagnóstico y terapeutico.

Pueblos Indígenas

Mientras las banderas mapuches y wipalla ondean, encabezan y predominan en las animadas instancias de expresión popular de estos días, las voces originarias no resuenan con la misma fuerza. Hay razones centenarias para esa distancia, pero no podemos conformarnos con esa brecha. La constitución requiere un sistema que fortalezca la autodeterminación de los pueblos indígenas.  Y somos nosotros quienes necesitamos escuchar las voces y reconocer los rostros, de quienes vienen haciendo salud colectiva, localmente, por  milenios, para aprender y recomponer rumbo. 

Sustentabilidad

También esta palabra es insuficiente dada la magnitud de la crisis planetaria, pero al menos debería servir para decir que la constitución debe ser una constitución ambientalista, en la que el agua vuelva a ser demanial y lo diga con todas sus letras, así como valore el aire, el suelo, la biodiversidad. En suma, recomponer la institucionalidad ambiental desde una ética ecológica, poniendo a la salud colectiva en sus primeros considerandos, como saber que reúne la biomédico con lo colectivo y  actualizada a las condiciones de la crisis planetaria y local que vivimos. La comprensión de salud con que la constitución debe ser escrita debe ser humana, animal-vegetal y planetaria.

Estas son nuestras razones, anhelos, ganas y esperanzas en pos de una nueva constitución. Los invitamos a enviarnos las suyas en formas de textos a cms@colegiomedico.cl  en formato word hasta el 18 de marzo.

Comité Editor