Cuadernos Médico Sociales era el subtítulo de la publicación que el 10 de junio de 1959 empezó a circular desde el Departamento de Salud Pública del Colegio Médico, junto al Servicio Nacional de Salud y a las tres Universidades en que se enseñaba medicina en esa época: U de Chile, U Católica y U de Concepción, además de la Escuela de Salubridad.

Se trataba de una edición de 40 páginas, con textos seleccionados por la comisión organizadora del primer seminario de formación profesional, de tapa marrón,cuyo contenido principal era el Informe preliminar de la misma y traducciones y resúmenes de artículos sobre la medicina de origen anglo-sajón.

El seminario finalmente se realizó entre el 20 y el 24 de septiembre de 1960, y aunque la publicación estaba destinada a servir a los propósitos del seminario, la Comisión invitaba en su segundo informe al Departamento de Salud Pública del Colegio Médico a “considerar para el futuro, la continuación de esta revista bajo su dirección”

El seminario buscaba dar respuesta a la hipótesis:

“Existencia y desarrollo de un proceso de modificación importante de las relaciones entre los componentes de una sociedad y las personas que prestan el servicio médico, consecuencia de la evolución social y del progreso médico mismo. Este proceso de modificación está produciendo un inadecuado estado de las relaciones humanas entre los elementos integrantes del grupo médico y entre éste y la comunidad, probablemente por una falta de armonía y ajuste de la institución y la sociedad”

Hay aquí un triple diagnóstico:

Transformaciones del campo mismo de la medicina, desarrollo de las técnicas y de sus bases científicas, institucionales de la acción médica, en que organizaciones tipo SNS son el lugar de ejercicio de la medicina y de la misma mano, pero a la vez, el trabajo en equipo con otras profesiones de la salud. Finalmente, la incorporación de grandes mayorías a esa  medicina, como corolario del desarrollo de la cuestión social. Esas tres cuestiones enlazadas tensionaban a a profesión en varios sentidos. El primero al que alude es obviamente la pérdida de capacidad de los médicos para ser responsables de su ejercicio:“el cuerpo médico está sometido a presiones y conflictos de las partes que entregan recursos y de la comunidad que exige y demanda servicio”

En esa oposición constantan incluso una separación al interior de la profesión, entre aquellos médicos que administran el sistema y aquellos que realizan acciones de salud:

“El desempeño de estas dos funciones ha creado en el cuerpo médico una cierta especialización para el desempeño de cada una de ellas, lo que ha intoducido dentro del gremio, por la naturaleza misma de estas responsabilidades, un germen de conflictos”

El segundo, por supuesto es la capacidad de comprensión de los médicos de esas condiciones.

Y el tercero, la mantención de un horizonte ético, solidario, en medio de esas fuerzas hacia el gigantismo, la impersonalización y la burocratización.

60 años después somos conmovidos por el calado de estas reflexiones. Pocas veces los testigos contemporáneos son capaces de prever  la magnitud y las implicancias de lo que ocurre ante sus ojos.

Estos son testigos privilegiados: Arturo Baeza, Horacio Boccardo, Alfredo Taborga, Raúl Vera, Benjamín Viel,  alrededor de la secretaría ejecutiva de Salvador Díaz. Aunque los historiadores de la medicina no concuerdan una fecha para el punto de inflexión de la medicina contemporánea en estas mismas tres dimensiones, la posguerra es un momento crucial de tecnificación, ampliación profesional y extensión masiva de sus alcances.

Creo que buena parte de los logros de la salud pública de los años 60 fue posible gracias a este diagnóstico compartido, a las consecuencias sobre la formación médica del seminario y al trabajo editorial de Cuadernos.

Aunque el generalato de zona de los médicos procede de mediados de los años 50, es en los 60 donde brilla ese médico que busca comprender más allá. Y lo hace, por supuesto escribiendo en los años 60 y 70 en las páginas de Cuadernos.

Este número facsimilar editado no  sólo para colecccionistas (a los cuales por supuesto nos gustaría ver sonreir con el ejemplar en sus manos), sino para todo lector, compila seis textos de los seis primeros números de Cuadernos:

El editorial y el informe preliminar de la comisión organizadora del seminario, del primer número de junio de 1959.

El segundo informe de la comisión organizadora del seminario, del segundo número de agosto de 1959.

Opiniones sobre el seminario, sobre la realización de la idea de medicina integral en el plano educacional de Francisco Hoffman y El concepto preventivo y social, de Hernán San Martín, J Peña W Pizarro y colaboradores, del número cuatro de diciembre de 1959, que es un número dedicado a medicina preventiva y sociología.

No incluimos materiales del número 3 de Octubre de 1959, dedicado a educación médica, número 5 (diciembre)  y el número 6 ( febrero 1960) que presentan resúmenes de la primera conferencia mundial de educación médica (1953) y la segunda (1959).

Para concluir, del número siete, extraemos dos citas. Una que es un texto de Gabriela Mistral de 1948 y otro de un discurso de Juan Gómez Millas. Ojalá nuestra selección mantenga el espíritu que llevó a nuestros colegas a incluirlos.

De Gabriela  tomamos su insistencia en que el profesional debe ser un permanente cuestionador de sí mismo

“No se engrasen ustedes en la satisfacción, no se sienten en la clásica mecedora tropical, dénse por pedagogo al Rigor, a pesar de su piel dura, y, como el trapense, vigílense día a día la complacencia sobrada de sí mismos. Cualquier satisfacción grande, como la persona, obesa, acaba en la inmovilidad. Quienquiera que avalúe en exceso su logro o sus hallazgos, no se aplica sobre la carne ningún cilicio de autocrítica y se entontece a fuerza del muy pueril amor propio. Él acaba tomando la vía de la pereza y ésta lo va a a deteriorar bastante más que el buen sendero de la diligencia. Yo deseo que cada uno de ustedes coja el hábito de afilar a diario las armas de su profesión y no las deje ser ganadas por el orín o parar en ramas de indolencia. Reflorezcan ustedes el árbol lacio del prestigio profesional. La profesión y el oficio se parecen a los dioses lares: ellos piden un culto diario.”

De nuestro ex-rector, el compromiso:

“”He usado la palabra “comprometerse”. ¿En qué consiste comprometerse? En prometernos un futuro, anunciarnos una tarea, crearnos una esperanza juntamente con otros; renunciar a nuestra soledad para participar en una misión común, y, con ellos, ponernos en condiciones de construir una personalidad para un destino, que se anuncia en la conciencia como una expectativa”

La poeta y el historiador han hablado en nuestro origen. Y esas voces sabias de la tribu, hoy nos alientan a pensar y escribir sobre la actualidad de nuestra profesión médico-social, en medio de sus tensiones y a la vista de sus dificultades, en un mundo que ha exagerado la hipótesis inicial del seminario, a extremos inimaginados, amenazando no sólo a la medicina y a la profesión, sino al planeta mismo.

En medio de los desafíos de pensar y actuar esta actualidad, agradecemos a todos los que han hecho posible que estemos editorialmente vivos y joviales en estos 60 años.  

No han sido 60 años de soledad, sino de una búsqueda colectiva de ese común de Gómez Millas, un ejercicio plural, dialógico, múltiple.

Delicada, sutil y profunda herencia de la cual buscamos ser merecedores fieles y actuales.

 

Yuri Carvajal B.