ESPACIO EDITORIAL

 

l derecho a la salud no remite aisladamente al acceso a una atención sanitaria óptima en calidad, tiempo, pertinencia y resolutividad. El derecho a la salud es garantizar bajo una óptica  multidimensional y de derechos el acceso equitativo e integral a los ejes que determinan nuestra salud y su evolución en el tiempo.

Tan relevante como tener un centro de atención de salud próximo a nuestro hogar, lo es también el acceso a una vivienda digna, al agua potable y a un aire limpio de contaminantes dentro de muchos otros; pues ningún batallón de especialistas puede vencer lo que el aire sucio y el agua contaminada genera en nosotros y nuestro entorno.

Todas estas reflexiones parecen anacrónicas al Chile de la OCDE y de los 25 mil dólares per cápita. Al país que se luce en las pasarelas económicas y financieras de las metrópolis del primer mundo.

Pero Chile es un país con muchos otros países dentro de sí mismo. Chile es un país donde también existe un país llamado Quintero y Puchuncaví.

¿Cuántas zonas críticas caben en esta larga y angosta faja de tierra?

El mapa de conflictos socio-ambientales que elaboró el INDH el 2015 registra 102 zonas críticas. La misma entidad señala que en lo que va de estos tres años estas zonas se han incrementado un 13%.

El Colegio Médico realizó su asamblea nacional en medio de una emergencia ambiental por material particulado en Coyhaique en junio pasado. En julio pasado el seno de Reloncaví recibió una carga masiva de más de 600 mil ejemplares de una especie introducida que escapó del cautiverio. Ahora asistimos a un grave episodio de contaminación del aire por sustancias químicas en la bahía de Quintero.

Seis décadas de desarrollo industrial voraz  sobre un borde costero en el cual viven más de 50 mil habitantes. Seis décadas; más de un gobierno; un mismo Estado.

El antropoceno es más que calentamiento global, lluvias torrenciales y sequías. La cuestión global tiene una expresión territorial a veces más grave. Proliferación de zonas críticas, acosadas por el cambio climático, pero asediadas además por los efectos del extractivismo, un crecimiento económico desigual en sus ganancias y en sus desechos.

“Seis décadas de desarrollo industrial voraz sobre un borde costero en el cual viven más de 50 mil habitantes. Seis décadas; más de un gobierno; un mismo Estado.”

Ecosistemas dañados, especies nativas suplantadas por agresivas especies foráneas, sustancias tóxicas dispersas por el aire, el suelo, las aguas, residuos de todo tipo acumulados en los lugares públicos.

Difícil tarea la de abordar una cuestión de ciencia, salud pública y política, territorios y ecosistemas, filosofía y valores, combinados, enredados, entrelazados.

Sin participación no es posible. Sin mediciones y trabajo estadístico con los datos tampoco. Sin cuestionamientos a una economía y consumo voraz tampoco.

Todas las señales apuntan en dirección a tomarnos la cabeza por las noticias abrumantes. Casi todas. La excepción es la señal que podemos dar nosotros en la construcción de una convivencia política actual, territorial, científica, democrática que enmiende el rumbo al economicismo desenfrenado; al paradigma asistencial de las enfermedades y sus especialistas.

Debemos ser parte de la comunidad, aportar y desafiar los paradigmas, pero también ser desafiados. Los problemas de la bahía de Quintero no se solucionan con los nebulizadores que llegan de Santiago.

“Los problemas de la bahía de Quintero no se solucionan con los nebulizadores que llegan de Santiago.”

 

Hay muchos países dentro de Chile, que ahogados por el aire que respiran, hoy buscan una porción de cielo limpio que debería alcanzar para todas y todos.

La salud pública y la salud colectiva deben ayudar a conquistar aquello.

 

 

Editores

27 de agosto 2018

Esmeralda 678