Entrevistas

 

La salud pública enfrenta día a día nuevos escenarios, los lugares comunes que ocuparon su foco de análisis por décadas se extienden a nuevos territorios, superan sus fronteras. Sin lugar a dudas esto conlleva desafíos culturales importantes de los investigadores, pero además desafía sus propias metodologías y domicilios de análisis.

Es relevante señalar que el género irrumpe en la academia, en las aulas y espacios docentes no por mero el reconocimiento jerárquico y vertical de los investigadores hacia el nuevo objeto de estudio; sino que irrumpe por las ventanas de los claustros donde la discriminación, abuso y violencia de género han escrito páginas tan oscuras como lamentablemente recurrentes.

¿Es posible que la salud pública y sus publicaciones queden al margen y miren con distancia un deber transversal, internacionalmente contingente como es la reflexión de género?

La prevalencia global de violencia física y/o sexual de la pareja hacia las mujeres es de un 30.0% (OMS). Un 40-60% de las mujeres de la OCDE señalan sufrir algún grado de violencia de género a nivel laboral. El impacto de cada uno de estos indicadores -y tantos otros más – repercuten directamente en la salud de las víctimas, no solo en el episodio mismo, sino que repercute en la niveles de cronicidad y de secuelas; pero no solo tiene un efecto directo en la salud individual de las personas, sino que constituye un problema sanitario global de nuestras sociedades.

Desde Cuadernos, hemos dado un paso al frente en el desafío de incorporarnos al debate, y bajo la convocatoria y trabajo editorial de tres investigadoras se ha conformado nuestro próximo número, Género y Salud Pública.

Es así como María Paz Bertoglia[1], Francisca Crispi[2], y Ruth Urrutia[3] asumieron el desafío de ser las editoras temáticas del número.

Acá dejamos a disposición de nuestros lectores el diálogo con las editoras.

 

¿Qué entendemos por Género? ¿Cuál creen ustedes debería ser el sustrato conceptual de Género para la salud pública?

Maria Paz Bertoglia (MPB)El género es un determinante de la salud. Nos condiciona desde el nacimiento y a lo largo del ciclo vital. Es relevante su incorporación como variable a considerar en todas las discusiones relacionadas con políticas públicas.

Francisca Crispi (FC)El género es la construcción social sobre los comportamientos, roles y funciones que se le asignan a determinados atributos biológicos que se asocian a los sexos, como por ejemplo hombres y mujeres. Desde la salud pública, el género debiera entenderse como un determinante social de la salud, el cual actúa en múltiples niveles, y condiciona las posibilidades de desarrollarse plena y saludablemente de las personas. Es fundamental que esta conceptualización se materialice en todas las políticas públicas en salud de manera efectiva.

Ruth Urrutia (RU): La noción de género nos lleva a plantearnos que lo “femenino” y lo “masculino” no son hechos naturales, biológicos y fisiológicos, simple dimorfismo sexual, reducido al estrecho modelo de lo binario y de heterosexualidad; sino una compleja construcción sociocultural, política e histórica. Así mismo, la desigualdad que prevalece en la sociedad entre hombres y mujeres no es tampoco un hecho natural, sino estructural de las sociedades implicando dimensiones políticas con fuerte impacto en la salud. 

La noción de género es por tanto, controversial; cuestiona los cimientos estructurales de reproducción de la desigualdad entre hombres y mujeres en la sociedad.  Señala, por cierto una nueva perspectiva de habitar este mundo, de deconstruirlo desde un nuevo lenguaje y desde la interseccionalidad implicando nuevas formas de hacer política social, más allá de la igualdad. Su relevancia teórico crítica, e impacto social y político, hace del género un objeto de investigación de diversas ciencias. 

En el contexto de la salud pública, el género es una determinación social de la salud, entendida la determinación como “categoría nodal para el conocimiento de la producción de la vida, en su rica complejidad”, según Breilh. En esta perspectiva, la noción de género desafía su comprensión biomédica clásica y binaria, dando cuenta de la complejidad social de su construcción y su impacto en la salud y vida de las personas, en particular de las mujeres y poblaciones con características diferentes, denominadas minorías.

 

Desde la salud pública, el género debiera entenderse como un determinante social de la salud, el cual actúa en múltiples niveles, y condiciona las posibilidades de desarrollarse plena y saludablemente de las personas.  María Paz Bertoglia

¿Cómo se inserta la salud pública como disciplina en los desafíos de Género, y cuál es el rol que debería jugar en estos nuevos escenarios?

MPB: La salud pública debe considerar al género como un determinante de salud. Es impensable planificar o desarrollar una política pública sin enfoque de género. Debemos respetar al género más allá de su binarismo, incorporando todas sus expresiones.

FC: La salud pública ha generado una conceptualización sobre determinantes sociales que en sus inicios falló en ser una herramienta útil para incorporar la perspectiva de género a las intervenciones en salud. Los primeros marcos conceptuales sobre determinantes sociales sólo consideraban al sexo como condicionante, excluyendo al género del análisis. Luego, el género se ha incorporado como determinante transversal, pero sin asociar esto a herramientas claras para que los profesionales y tomadores de decisiones puedan actuar sobre este determinante en función de mejorar la salud de la población. Es necesario un enfoque feminista en la salud pública, que entienda tanto la opresión hacia la mujer como las intersecciones que existen con otras opresiones, como la clase o la condición de migrante. También, como plantea el artículo de Yuliana Salcedo en Cuadernos Médicos Sociales (2018), la salud pública tiene pendiente el dejar de reducir el género a hombre y mujer, incorporando una mayor fluidez de este en el actuar clínico y sanitario.

RU: La salud es un derecho humano primordial, una de las condiciones más importantes de la vida humana, implica el respeto a la diversidad en una perspectiva intercultural para abordar la salud y no multiculturalista como ha sido la tendencia. Las políticas públicas para ser efectivas deben reconocer las desigualdades injustas, la inequidad por género que se expresa en muerte, enfermedad, exclusión, discriminación. En este sentido, la evaluación acerca de la equidad de género en el acceso a los servicios de salud, así como de la magnitud del problema en la población LGBT y sus diferentes manifestaciones e impacto en la salud es algo que no se ha estudiado aún adecuadamente,  convocando a las distintas disciplinas relacionadas con la Salud Pública.

 

“Es necesario un enfoque feminista en la salud pública, que entienda tanto la opresión hacia la mujer como las intersecciones que existen con otras opresiones, como la clase o la condición de migrante”  Francisca Crispi

Desde sus experiencias, ¿Cuándo aparece el Género en sus vidas profesionales y en sus horizontes académicos?

MPB: He tenido la suerte de crecer en una familia donde siempre se relevó el género como un componente importante. Siempre desde el respeto a la diversidad y desde el reconocimiento de los obstaculizadores o facilitadores sociales asimétricos.

FC: El género aparece por primera vez en mi vida de manera consciente en las prácticas clínicas universitarias, de una forma inicialmente vivencial. En el ambiente hospitalario me impresionó mucho la discriminación a la mujer en múltiples ámbitos: el humor sexista, la denigración y el acoso sexual. También en esa misma época, desde el Observatorio de Políticas Públicas en Salud, organización estudiantil que tuve la oportunidad de dirigir, organizamos una serie de discusiones y debates en torno al aborto, lo que también me acercó a las inequidades de género en términos de derechos sexuales y reproductivos.

RU:En lo personal, la vida profesional a la par con el desarrollo académico, han sido un camino lleno de desafíos, que se entrama a los desafíos de la construcción de familia, donde me vi enfrentada como muchas mujeres a la necesidad de compatibilizar distintos roles, una verdadera travesía!.  En lo profesional, mi trabajo se ha desarrollado generalmente en diversos contextos de mujeres, tanto en el ámbito de la salud como en el de la educación. Incluso durante la dictadura con grupos de mujeres organizadas en economías solidarias para sobrevivir a la difícil situación económica del momento. Experiencia que me ha permitido ahondar en algunas temáticas de género, formando parte también de la propia construcción de mujer. En la actualidad es una problemática que me desafía en el ámbito de la investigación asociado a la interculturalidad así como en la condición de inmigrante e indígena.

Resulta un dato incuestionable la prevalencia global de violencia, discriminación e inequidades de Género, así como sus diferentes reivindicaciones estratégicas, ¿cuales consideran ustedes son las características particulares de nuestro país respecto al escenario global?

MPB: Chile debe hacerse cargo de la violencia y su afectación asimétrica hacia las mujeres y hacia las minorías sexuales. Esta violencia debe ser asumida incluso desde sus componentes institucionales, desde las agresiones sistemáticas avaladas por leyes injustas que no reconocen como un derecho la identidad de género, entre otras.

RU:En un país conservador como el nuestro, la emergencia del movimiento feminista cuestiona la base estructural patriarcal de la sociedad chilena expresada en lo que llamas dato incuestionable con la consiguiente inequidad y violencia de género, abuso, discriminación, femicidio. Este es un movimiento con historia, con tradición en reivindicaciones de mayor democracia, e igualdad. En este sentido, una esperanza, más aún si consideramos lo interconectado del planeta en que vivimos; la apertura a nuevos desafíos a remirar el mundo, el lugar desde dónde lo conocemos y los modos alternativos de habitar nuestra sociedad.  

-¿Cuáles son las resistencias identificadas por ustedes para desarrollar los desafíos que emanan de la llamada agenda de Género?

MPBSon resistencias culturales, arraigadas fuertemente en grupos económicos que ejercen presiones a través de distintas plataformas comunicacionales. El gran desafío es mantener la discusión de la agenda de género en el territorio de los derechos, no de la moralidad conservadora.

FCLa cultura patriarcal es la mayor resistencia, ya que normaliza la opresión a la mujer a tal punto de invisibilizarla incluso para las oprimidas. A nivel político, los sectores conservadores han ofrecido constante resistencia, tanto en derechos de las personas LGTBI como en derechos de las mujeres.

RU: Según Informe Progreso de las mujeres en América Latina y el Caribe 2017 de ONU Mujeres,  las mujeres continúan subsidiando la economía de mercado mediante el trabajo doméstico y cuidados no remunerado, dedicando más del triple de tiempo que los hombres a las labores domésticas. La participación laboral sigue siendo desigual, el desempleo entre las mujeres es 50% mayor que entre los hombres, la proporción de mujeres que no cuenta con ingresos propios es dos veces mayor que la de los hombres y la brecha salarial de género persiste incluso cuando las mujeres han alcanzado mayores logros educativos, así como también dentro del sector formal y con mayor nivel de instrucción. Casi el 60% de la fuerza laboral femenina se ubica en la economía informal.

La agenda de género no recoge la profunda problemática de una realidad compleja e injusta para las mujeres. No incluye la importante y necesaria demanda que el movimiento feminista ha planteado, acerca de una educación no sexista. Así mismo, el derecho de las mujeres a una vida libre de violencia como lo señalaba el proyecto de ley cuya tramitación comenzó en el gobierno anterior, abogaba por una comprensión integral de los diversos tipos de violencia que sufren las mujeres cotidianamente, incluso la que ocurre durante el pololeo y no como un tipo de violencia separada, aunque no menos importante. Parcelar es no comprender las dimensiones del problema de la violencia en la mujer, cuya punta de iceberg es el femicidio.

 

El protocolo que debe normar y garantizar el cumplimiento de la Ley 21.030 aún se encuentra pendiente ¿Qué se juega en este protocolo y cuáles identifican ustedes como las posiciones que se confrontan en el debate?

FC:En el protocolo se juega que la objeción de conciencia no obstruya la aplicación de la ley IVE. Si bien la ley reconoce la objeción de conciencia personal e institucional, depende del protocolo que esta no impida el acceso a las prestaciones de interrupción del embarazo. Puntos importantes en este sentido es que la objeción de conciencia institucional se de acorde a un ideario valórico acorde y no por otras razones. Esta fue una idea central cuando el TC incorpora la objeción de conciencia institucional a la ley y debe respetarse. También, es importante que las instituciones privadas que sustituyan al estado en su función no puedan ser objetoras, ya que el estado debe asegurar que sus instituciones cumplan la ley. A nivel de la objeción personal, el protocolo debe promover una objeción consciente, acorde a valores y responsable, estableciendo claramente las obligaciones de los objetores en términos de derivación y entrega de información clara.

MPB:El protocolo de cumplimiento de la ley de interrupción del embarazo no puede convertirse en un obstáculo para su cumplimiento. La Organización Mundial de la Salud ha advertido de esta mala práctica a los países y debemos mantener la alerta. No podemos tolerar que se creen barreras administrativas que pasen a llevar los derechos reproductivos de las mujeres.

-A nivel sectorial, en política de salud, ¿qué ruta debería transitar la agenda de Género acorde a los desafíos por ustedes identificados?

MPB:Tenemos muchos desafíos pendientes en la agenda de género y salud en Chile. Desde una falta de estadísticas e investigaciones relacionadas, hasta resolver temas de vergonzosa discriminación en la práctica sanitaria. En todos los niveles de planificación e implementación de políticas públicas sanitarias debemos exigir que esté presente el enfoque de género.

FC:Creo que debe existir un abordaje de la violencia de género como una política intersectorial que incluya políticas de salud. Derechos sexuales y reproductivos: Educación sexual integral, anticoncepción, aborto seguro. Inclusión de la perspectiva de género en la formación universitaria de profesionales de la salud. Asegurar el acceso a la población LGTBI+ de prestaciones adecuadas para sus necesidades particulares. Por ejemplo, hay una gran deuda en términos de prestaciones en el sector público para apoyar el proceso de transición de las personas trans.

¿Cómo se inserta la ley IVE -21.030- en esta hoja de ruta?

MPBSe inserta desde el momento que reconocemos al aborto como un derecho reproductivo y una decisión de las mujeres, derecho que debe ser garantizado. Son necesarias normativas que no obstaculicen su realización por vías administrativas, que no generen vacíos geográficos en su prestación. También la hoja de ruta debe promover el trabajo con la academia para asegurar que se incorporen estos temas en las mallas curriculares.

-Este año el Colegio Médico cumple 70 años de fundado, la fecha coincide  con la primera mujer presidenta de la Orden ¿Qué lecturas tiene esto desde la salud pública?

MPBEste es un hecho destacable no solo para la salud pública, sino para la sociedad en general. Las mujeres históricamente hemos estado subrepresentadas en los puestos de poder, situación que invisibiliza nuestra lucha por equidad de derechos. Esto ocurre en todos los niveles académicos e institucionales, y es una buena señal desde el colegio médico que se rompa con esa tendencia.

RU: Pienso en el gran significado social, cultural y simbólico que conlleva el hecho de ser la primera mujer elegida como presidenta del Colegio médico, en una sociedad tan conservadora como la nuestra. Es un hito que retrotrae a la difícil trayectoria de las mujeres que han  debido abrirse camino, así como su fundamental aporte escasamente visibilizado en la historia. Sólo en 1877 al modificarse la ley que limitaba nuestro ingreso a la universidad, se reconoció un derecho considerado natural: el de instruirnos para instruir a nuestros hijos, se decía. Así, bajo estas condiciones, fue Eloísa Díaz la primera mujer en Chile y América Latina en graduarse de bachiller en Filosofía y Humanidades en la Universidad de Chile y titularse de médico en 1887, lo que causó gran revuelo a la época. Debía asistir a clase acompañada de su madre, dado que no era bien visto que estuviera sola en un mundo predominantemente masculino. Así debieron hacerlo las mujeres que siguieron sus pasos, desafiando las limitaciones que la sociedad imponía. Pienso que dada la trayectoria de amplio liderazgo de la actual presidenta, junto a la experiencia de participación social y política incluso como dirigente estudiantil en su momento, llevará renovados aires y reposicionamiento del Colegio Médico en el desarrollo de la salud pública, la salud de todos y todas los chilenos y chilenas que habitan nuestro país.

“Pienso en el gran significado social, cultural y simbólico que conlleva el hecho de ser la primera mujer elegida como presidenta del Colegio médico, en una sociedad tan conservadora como la nuestra. Es un hito que retrotrae a la difícil trayectoria de las mujeres que han  debido abrirse camino, así como su fundamental aporte escasamente visibilizado en la historia”  Ruth Urrutia

¿Cuáles son los desafíos de la reciente comisión de género formada por el Colegio Médico?

FCSi bien la abogacía por políticas públicas con enfoque de género es fundamental, el principal desafío está en cambiar las prácticas del gremio, que son profundamente machistas. La Comisión debe lograr que la institución – incluyendo a sus colegiados – abandone transversalmente la discriminación hacia las mujeres y población LGTBI+. Esta discriminación se da tanto entre colegas, en el equipo de salud como con nuestros pacientes. Cambiar estas prácticas implica tanto una reflexión profunda a nivel personal y colectivo como un transformación sobre lo que es socialmente aceptable. Es complejo y tomará tiempo, pero creemos que el contexto social ha jugado a favor de crear mayor conciencia al respecto y lograr avances acelerados en la materia.  

¿Cómo fue el proceso de preparación de este número de Cuadernos, cuál es el estado del debate nacional y regional (latinoamericano) en esta área?

MPBHa sido una experiencia intensa y muy enriquecedora. Es impresionante lo poco que sabemos y lo mucho que nos falta por discutir y acordar en relación a estos temas. Cada día aprendía algo nuevo, lo que me obligó a replantear y adaptar mi minúscula mirada salubrista. El estado del debate nacional y regional me llena de optimismo, pero al mismo tiempo de urgencia por abordar y resolver temáticas históricamente invisibilizadas. Nos falta mucho aún.

FCFue un proceso muy interesante y de mucho aprendizaje. El género es un determinante transversal que cruza la salud pública. Así, nos encontramos con que, a pesar de las brechas que hay en producción académica sobre género y salud, hay múltiples perspectivas desarrollándose sobre el tema. Además, es esperanzador como la ola feminista ha permitido una mayor instalación de la temática en nuestro entorno, con impactos tangibles en el ámbito sanitario y académico que esperamos sigan aumentando.   

RU:La preparación del número Género y Salud deviene en su origen del anhelo compartido por las editoras que integran el Comité editorial. Se levanta esta temática como una problemática de significativa relevancia a la salud, importante de abordar en un número. Ha sido un camino interesante, de debate y reflexión al interior del comité que ha dado pie a la decisión de relevar un espacio permanente dentro de la revista para dar a conocer estudios acerca de la problemática de género, potenciando el desarrollo del conocimiento. 

El número Género y Salud que sale a la luz, ha pretendido, precisamente abrirse al debate en curso y la posibilidad de incidir en la construcción de una sociedad pluralista y con equidad.

A pesar de la evidencia que reconoce cada vez más, la ceguera de género que influencia la investigación en ciencias sociales en general y en salud en particular, fue interesante ver el interés que convocó el número Género y Salud, en una diversidad de perspectivas que fueron abordadas por las y los autores que enviaron sus artículos.

¿Cuál es el mayor aporte de este número de CMS a su parecer?

FC:El mayor aporte está en relevar la importancia del género en salud pública, mostrando algunas de sus múltiples perspectivas e incentivando la discusión y debate. También, el número marca un precedente ya que el equipo editorial generó el compromiso de incorporar una sección de género en los números venideros. Esto permitirá avanzar hacia una academia que considere la perspectiva de género en el abordaje de todas las temáticas.   

MPBEsperamos que sea un aporte a la discusión social, a destacar las temáticas de género en los escenarios académicos. Es una invitación a reconocer al género como un determinante de salud. A promover una sociedad más inclusiva y menos discriminadora. A querernos y celebrar a la diversidad. A cuidarnos y respetar las diferencias, todo desde una mirada salubrista y cumpliendo con nuestro rol comunicador para entregar herramientas al debate nacional y regional.

RU: La perspectiva intercultural con que se aborda el tema Género y Salud, desde una noción de género dinámica y no estática que profundiza en la problemática desde la diversidad en cuanto complejidad que compone y enriquece la realidad, develando las asimetrías, discriminaciones e injusticias que dan cuenta de una peor salud e identificando los conflictos y las fuentes de  transformación social.

Abrir sus páginas a los desafíos de un debate controversial aún en curso, para la sociedad chilena y latinoamericana, privilegiando la reflexión crítica y la investigación científica en el ámbito de la salud pública y de la medicina social.

Invitarles a enviar sus trabajos sobre el tema y publicar en la sección Género que será permanente en la revista. CMS

 


Notas al pie

[1] Magíster en Epidemiología. Escuela de Salud Pública. Universidad de Chile

[2] Médica-Cirujana, Universidad de Chile. MSc Health, Population and Society, London School of Economics and Political Science.

[3] Doctora en Ciencias de la Educación de la Usach, Magister en Gerencia y Políticas Públicas, Universidad Adolfo Ibáñez. Profesora de Filosofía de la Universidad de Concepción.