resolución exenta 432 del MINSAL publicada con fecha 22 de marzo de 2018, así como el dictamen 011781N18 de Contraloría del pasado 9 de mayo, constituyen necesarios debates en el acontecer de la salud colectiva chilena. Es un tarea y un deber intelectual de la salud pública intentar comprender lo acontecido, y explicarlo no como un error, desprolijidad o ligereza, sino como un problema que involucra nuestra disciplina y nuestras prácticas, cuyas implicancias nos competen y comprometen.

Lo ocurrido expresa comunidades de pensamiento distintas que coexisten al interior del campo de la salud pública y cuya explicitación diferencial no ha sido desarrollada al interior de nuestro campo. En vez de discusiones propias y cruciales de nuestra disciplina, los acontecimientos emergen como crisis y sacudidas mediáticas. Dado que es poco el debate público, resulta esperable observar otras perturbaciones semejantes. ¿Cuál es el Ethos mandatado a nuestro Ministerio de Salud?

El corazón de la disputa no se sitúa exclusivamente en el escenario ético-valórico, sino que también es el carácter igualitario del derecho a acceder a las prestaciones de salud. Cuestión que la resolución del MINSAL intenta agotar en un asunto microeconómico, del tipo relación de agentes en los mercados de salud. El dictamen de Contraloría por su parte, traslada la cuestión de la igualdad a la vida colectiva, mas allá incluso del Estado. Dado que considera que instituciones en convenio con la red pública de salud, deben cuidar los principios igualitarios que consagra la Constitución. Se trata una vez más, del carácter de lo público. Del espacio común construido.

Lo público es una interrogante. No porque sea algo molesto o problemático. Al contrario, existe lo que se llama felicidad pública. Pero podemos llamarlo problema, pues lo público es un sentido, una perspectiva a desarrollar. No algo dado y establecido.

Intentar regir la salud pública, que es pública en esta misma noción, como simples transacciones entre agentes económicos independientes, que agotan su compromiso en el acto mismo de la transacción, sin sentido de construir una esfera de lo público, de vincularse en forma más estable, tras compras y ventas; colisiona contra el sentido de salud pública que ha sido predominante en la tradición chilena, incluso desde la colonia.

El rol del Estado en la producción de lo público, incluso en el DFL 36 de 1980, expresa esa experiencia histórica nacional, como visión y deber compartido. El DFL 36 señala “organismos, entidades o personas que celebren los convenios regidos por las disposiciones del presente decreto, quedarán adscritos al Sistema Nacional de Servicios de Salud, y se sujetarán en su cumplimiento a las normas, planes y programas que haya impartido o pueda aprobar en la materia el Ministerio de Salud, en uso de sus facultades legales”.

Lo público no ha sido una cuestión económica, sino sociológica articulada en el devenir histórico.

Por diversas razones, en las últimas décadas, la salud pública como comunidad intelectual se ha desperdigado y hemos dejado de ser un colectivo con fundamentos de pensamiento comunes. Eso amenaza a cualquier grupo humano, mucho más a uno cuya tarea primordial es de tipo intelectual.

Los otros dos argumentos del dictamen de Contraloría en planos distintos confirman nuestro análisis. La objeción de conciencia tiene ribetes extraordinarios, es una figura jurídica excepcional y por tanto su regulación “no puede dispensar del cumplimiento de requisitos, condiciones, o establecer presunciones o cualquier elemento que signifique alterar ese carácter de excepción”; es así como imagen especular, que cuando el acto clínico es crucial (vital), la objeción de conciencia se subordina al deber clínico, que es el deber hacia el otro, como lo señala nuestro código sanitario, el cual ya cumple 100 años.

Lo acontecido con el dictamen de contraloría invita a que la Salud Pública se profundice en la discusión de lo colectivo, y no se reproduzca solamente en el terreno de las Economías Sanitarias, la Inteligencia de Gestión y los Macrodatos. Hay un lugar en la ciudad, que le corresponde desde sus origenes.  

 

Yuri Carvajal B