In Memoriam Fernando Muñoz-Porras

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Hannah Arendt describe la política como el mundo de la acción. En la política, estamos llamados a desplegarnos en el espacio público. Política entendida en el mundo antiguo como la acción de grandes obras. Grandes obras que no pueden construirse desde lo individual y privado, si no que necesariamente requieren de los demás, del colectivo. Colectivo cuyo único punto de encuentra en el espacio público. Así acción, política y lo público configuran una dimensión donde los seres humanos estamos llamados a encontrarnos con otros, con la posibilidad de construir el mundo de objetos e ideas en el que vivimos. Interesantemente, este mundo común no puede existir si no existe memoria, sin historia. Ninguna obra es grande si no perdura viviendo con nosotros.

El pasado jueves 12 de Octubre nos deja nuestro colega Fernando Muñoz-Porras. Médico pediatra, salubrista, hacedor e implementador de políticas, entre muchas otras cosas que podrían decirse de él. Fernando fue navegante de este mundo de la polis, desplegando esfuerzos colectivos, entendiendo que la pluralidad, el intercambio y la articulación de intereses son la única forma de dar cuerpo a grandes obras. Chile Crece Contigo, Reforma de Salud, Interculturalidad, entre muchas otras. Grandes obras colectivas, sin duda.

Tuve la oportunidad de conocerlo como amigo de mis amigos, luego como profesor y, luego de su muerte, como maestro, a través de su legado. Observar el legado de un hombre como Fernando en retrospectiva, tiene una influencia poderosa en los que le siguen. Esa es la suerte de quienes rodeamos a estos hacedores de grandes obras. No necesitamos estar de acuerdo con todo lo que han dicho o hecho. Basta simplemente dejarse impresionar por el asombro de la historia. De este asombro del encuentro con Fernando, tres impresiones fundamentales para el ejercicio de la salud pública.

Primero, una salud pública dialogante, plural y reflexiva. Recuerdo cuando en oportunidad se refirió a los conflictos emergentes que suponían para el sistema de salud el creciente rechazo a la vacunación por parte de la población. Él lo vivía de cerca, Jefe del Programa Nacional de Inmunizaciones. A diferencia de muchas otras voces en la salud pública, la suya no fue beligerante o de oposición a los así llamados grupos “anti-vacunas”. Al contrario, presentó una visión templada y serena, con la capacidad de comprender que al frente habían legítimos otros con los que era necesario dialogar y construir puentes.

Segundo, una salud pública honesta y transparente. Recuerdo la primera entrevista de mi tesis, el Profesor Muñoz reclutado para hablar de la reforma y sus bemoles. Luego de compartirle la entrevista transcrita para confirmar si quisiese realizar ediciones a lo expresado, su respuesta fue más o menos así “no me arrepiento de nada de lo dicho, porque eso lo he dicho yo y de ello me hago cargo”. En tiempos en que los hacedores de políticas de salud se enfrentan al creciente desafío del escrutinio público y la demanda por mayor participación social, la respuesta hacia el futuro debe de ser más apertura, más honestidad y más transparencia.

“no me arrepiento de nada de lo dicho, porque eso lo he dicho yo y de ello me hago cargo”.

Tercero, una salud pública que se concibe a si misma tanto como ciencia que como práctica. Fernando fue un pionero en avanzar hacia el desarrollo de una salud pública “basada en evidencia” en el país, ayudando a la formación en epidemiología clínica y MBE a un importante colectivo. Interesantemente, siempre Fernando tuvo la claridad de que la evidencia no toma decisiones, sino que está al servicio de estas. La evidencia no viene a remplazar la práctica, la acción y la política, sino que viene a expandir sus potencialidades. La vida de Fernando, entre la salud pública como ciencia y la salud pública como práctica, nos muestran entonces un camino.

“Interesantemente, siempre Fernando tuvo la claridad de que la evidencia no toma decisiones, sino que está al servicio de estas.”

Vive en los que quedamos entonces la responsabilidad de continuar con el legado de grandes hombres como Fernando y los que le precedieron, entendiendo la necesidad de, hoy más que nunca, una salud pública comprometida. Responsabilidad de avanzar en grandes temas pendientes que él también miraba hacia el futuro, la construcción de nuevas grandes obras. Un par en sus propias palabras: “desarrollar de mejor forma la separación de funciones de cómo lo hicimos” y llevar a cabo la “discusión de fondo sobre qué modelo de seguridad social quiere abrazar nuestro país”. En tiempos donde todo quiere cambiar, resulta importante también construir desde la historia. Nuestra responsabilidad como nuevos salubristas, es de continuar el legado de los grandes que nos han precedido. En su legado, reside ya la semilla de lo nuevo que busca emerger hacia el futuro.

 


(1) Médico. Doctorando en Salud Pública, Universidad de Chile. Magister en Salud Pública, mención Políticas y Economía de la Salud. Universidad de Chile.